10,000 V
No entiendo por qué la vida le dio tanto poder a las palabras. Deberían quitarles ese poder, porque muchas veces tus palabras me matan.
Las palabras tienen el poder de construir, pero también de destruir. Tienen el poder de cambiar mi mundo de una forma o de la otra.
Estoy con un vacío en mi corazón que no debería sentir. Y si no debo sentir este vacío, ¿por qué lo siento?
Tus palabras me han acompañado, y ya me están haciendo sentir vivo. No debo, pero quiero.
¿Qué hacer con esta intensidad? ¿Qué hacer cuando tus palabras tocan mi alma, mi ser, mi cuerpo, y me dejan sin palabras?
No lo sé. Solo quiero seguir quemándome y arder en ellas. Volverme un rebelde y rendirme ante ellas.
Cada palabra dicha penetra mi alma. Cada verso y estrofa me derrite como un témpano de hielo en un calentamiento global.
Mi respiración se acelera. Mi corazón palpita más de la cuenta. Mi cuerpo siente corrientes de 10,000 V en todo mi ser.
Hay una línea invisible que no debo cruzar. Pero es ahí donde quiero estar. Porque, aunque no deba cruzarla, me hace sentir vivo. Aunque no deba desear tus palabras ni tu fuego, me estoy volviendo adicto a ellas.
Es como sentarme en la silla eléctrica y dejar que tus palabras me maten con esa intensidad. Que, cuando no hay esperanza de vida, aún pueda sentirme vivo. Que, aunque mi alma se sienta en caos, tus palabras me hagan arder sin necesidad de saber.
Y resisto… resisto a este deseo. Te veo, te observo. Imagino tus palabras acariciando mi piel. Imagino tus caricias suaves como ese cambio de voltaje que no espero. Me electrifican tus palabras. Y aunque siento que me matan y me debilitan, me hacen sentir vivo.
Y como un lunático que sabe que va a morir, sonrío. Pues prefiero sentirme lleno con tus letras y palabras que reírme del vacío que me consume. Prefiero tener la esperanza de ser visto y leído que sentir mi alma rota.
Así nunca pueda sentirte… así nunca te toque. Aunque no se viva cara a cara, se siente más real que cualquier otra cosa.
—Entre Líneas y Desorden



Veo que es un mal endémico. Las palabras nos modifican el código. Es interesante darse cuenta de los registros que uno tiene cuando le hacen temblar el alma. Qué bonito escribes siempre